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Tarkovski en la radio

Foto: Pau Fabregat

El jueves pasado la Societat Doctor Alonso inauguró una nueva edición del ciclo Noves Escenes en La Pedrera con una nueva versión, encargo de La Fundació Catalunya La Pedrera, de Andrei Rublev, una paniconografia, una pieza escénica, estrenada hace unos años, que parte de la película de Andrei Tarkovski, del año 66, en la que se narra el viaje que realiza el pintor de iconos rusos medieval Andrei Rublev para pintar los frescos de la catedral de la Asunción del Kremlin. Como la película hablaba de religión, creación y libertad artística bajo un régimen represivo sólo se pudo ver una vez en Moscú, en su estreno. Más tarde la película ganó un premio en el Festival de Cannes de 1969, lo cual me imagino que produjo como resultado que en 1971 volviese a presentarse una versión, censurada, en la Unión Soviética. En 1973, Columbia Pictures la estrenó en Estados Unidos pero en una versión recortada, por razones comerciales. Dos caras de la misma moneda.

Hace años que he perdido la costumbre de leer la prensa tradicional, en papel. Últimamente, las únicas revistas en papel que leo son viejos números de los noventa de la revista Ajoblanco, que una amiga que se mudaba de piso decidió donarme. El sábado, en cambio, compré en un kiosko de las Ramblas tres periódicos: La Vanguardia, El Periódico y El País, con su suplemento Icon. Después de leer todo lo que pude durante varias horas, mis primeras impresiones fueron las siguientes:

La prensa escrita no es tan diferente de lo que uno puede encontrar a estas alturas en las redes sociales o internet, pero, supongo que por falta de costumbre, algunos artículos me dan grima verlos escritos en papel. Por ejemplo, la crónica que aparecía en La Vanguardia del sábado sobre los catalanes presentes en la feria del libro de Buenos Aires me pareció escalofriante por la banalidad y el compadreo y porque, a parte de eso, no decía nada más. Conozco a algunos de los de mi generación que salían retratados y supongo que por eso me asustó pensar a dónde vamos a ir a parar: exactamente al mismo sitio donde estaban Ellos antes, pero con otros collares. Por otra parte, a pesar de que la portada de Icon era Cristiano Ronaldo me pareció que Icon no era tan diferente de un Ajoblanco noventero. Hasta salía el ubicuo Paul B. Preciado, con su nombre en portada. Preciado, en las páginas interiores de Icon, aparecía fotografiado como si fuese Cristiano Ronaldo o un modelo que va de malote, fumando un pitillo (cosa que Cristiano Ronaldo no se permitiría, supongo, pero Yung Beef sí). No sé qué pretendía transmitir esa imagen (aunque me imagino que querría transmitir algún mensaje) pero lo que decía Preciado sobre la censura y la violación era interesante: “La censura institucional se parece a la violación. Cuando te sucede te dicen: aguanta y calla. Hablar es arriesgarse a que se reproduzca la agresión. Por eso es importante hablar del tema”. Mira, como lo que le pasó a la peli de Tarkovski, he pensado esta tarde. Y tantos otros casos mucho más cercanos, pensé el sábado mientras lo leía.

Foto: Pau Fabregat

En Icon, para mi sorpresa, también entrevistaban a una periodista joven del trap, Alicia Álvarez, una de las de El bloque, el primer programa de televisión que conozco que se puso a entrevistar a Yung Beef, Bad Gyal y a toda la escena trap española con conocimiento de causa y sin decir ninguna tontería. En la entrevista que le hacen a Alicia Álvarez ella dice que Radio 3 no quiso su programa y por eso al final, ella y los suyos, se lo montaron en la Sala Apolo, lo convirtieron en un programa de televisión y lo colgaron en un canal de YouTube. Ahora el público hace cola en Apolo para verle hacer una entrevista al estilo tradicional, de esas en las que te dejan hablar todo lo que quieras, cuando los medios tradicionales han desechado ya ese formato porque creen que no tiene tirón. La gente hace cola en Apolo como nosotros hacíamos cola para ver a la Societat Doctor Alonso en La Pedrera, que se llenó, para verles hacer cosas que cuesta ver en muchos de los templos de la Cultura de Barcelona. ¿Quién nos iba a decir que en este momento de la historia haríamos colas en La Pedrera para ver este tipo de cosas?

Eso es lo más interesante: nada es monolítico, hay cosas guays hasta en el mayor de los estercoleros y mierdas en el más maravilloso jardín del Edén. El sábado me dejó con la sensación de si debería leer más este tipo de movidas de la prensa o seguir perfectamente al margen de ellas, como hasta ahora. Las dos cosas tienen sus pros y contras. Pero todo esto me da que pensar.

La Societat Doctor Alonso parte de un formato radiofónico en esta nueva vuelta de tuerca, que promete no ser la última, de su Andrei Rublev. Pero no es un formato radiofónico al uso sino que se aprovechan de que el público está presente y, aunque en todo momento tienen en cuenta lo sonoro, ya sea enlatado o creado por Sofía Asencio y Nazario Díaz, parapetados detrás de una mesa con micros, ordenadores y mesa de sonido, imitando a los traductores simultáneos, cantando, tocando la guitarra, haciendo las dos cosas a la vez (como la magnífica versión de Chicho Sánchez Ferlosio que canta Nazario), además utilizan cualquier medio a su alcance en una propuesta de artes en vivo: proyecciones de la película de Tarkovski, subtítulos cuando el público escucha lo que supongo que es una experiencia francesa de excavación, que imagino debe de provenir de un Desenterrador (otra propuesta de la Societat Doctor Alonso en la que lo que se excava colectivamente son palabras), juegos de luces, bailes en pareja o desfile de iconos de Rublev ante el público. La libertad que la Societat Doctor Alonso se dio el jueves en La Pedrera para experimentar sin tapujos, sin miedo, me sacó del estado mental alterado en el que me suele dejar últimamente el final de mis saturadas jornadas de trabajo y me permitió salir de mí mismo con un efecto balsámico añadido, como los suavizantes para el pelo. Digo esto con pretendido humor pero sin ironía, como me parece que hace la Societat Doctor Alonso en esta versión de Rublev.

Foto: Pau Fabregat

El ciclo Noves Escenes sigue durante los próximos jueves de mayo, mezclando jóvenes con veteranos, con Glòria Ribera (día 9), Juan Navarro y Pablo Gisbert (día 16) y Gaia Bautista (día 23). Entradas a 8 euros.