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Entrevista sobre Amateur (segunda parte)

Presento Gibbons amateur en el Antic Teatre los días 29 y 30 de junio y 1 y 2 de julioGibbons amateur es el primer episodio de Amateur, un proyecto que comenzó en el nyamnyam hace más de un año, se vio en el Teatro Pradillo durante Jaleo y tiene una continuación, Goldberg amateur, que presentaré después del verano.

La semana pasada publiqué la primera parte de esta entrevista que Master me ha hecho para hablar en profundidad de Amateur con motivo de estas actuaciones. Aquí va la segunda parte, aderezada con vídeos, temas musicales e ilustraciones en las que está trabajando Olga Alvarez. Para los que quieran saber más, os invito a seguir leyendo y a acompañarme esos días, a mí y a mi piano, en el Antic.

Cartel de Olga Alvarez con un toque zazou (la chaquetilla a cuadros), la tribu urbana de la que hablo en Gibbons amateur.

A parte de escribir, tú eres músico. Aunque no os prodigáis mucho, hay gente que conoce esa faceta tuya por Novios, un dúo de música electrónica, en el que también pones tu voz, junto a Pablo Gisbert.

Es una lástima que no actuemos más. Es uno de los proyectos más divertidos que he hecho en mi vida. Pero Pablo no para de viajar y es difícil encontrarse. Quizá volvamos un día de estos. Es que no tenemos ni un Bandcamp ni unos tristes mp3 colgados en la red…

Pero también has colaborado con Cris Blanco en algún tema de Ciencia ficción con un grupo creado para la ocasión que se llamaba The Elements.

Sí, con La canción del caos, que es una interpretación sobre la Teoría del Caos. La hicimos a medias. Ahí tocaba el casiotone.

Y, tirando de la memoria, recuerdo que tuviste hace unos años un grupo de pretendido electropop, que se llamó Pompeia, con Teo Baró y David Espinosa, con el que incluso montasteis un espectáculo que se vio en el festival Sismo de Matadero Madrid. Aquí un videoclip montado por Teo Baró con el tema instrumental Kentucky, compuesto e interpretado por ti:

Y luego disolvimos el grupo y todo el mundo se avergonzó mucho y lo borró de su currículum. El que más, David, que al principio era el promotor de la idea y estaba encantado de tener un grupo. Luego, con la reacción de parte del público, vio que si lo relacionaban con esto la profesión le iba a dar de comer aparte. Fue una buena decisión profesionalmente hablando. Ahora le van bien las cosas. Teo fue más digno. Él estaba en un proceso consciente de abandono de la profesión de artista. Se esforzó mucho en dejar de ser artista y lo consiguió. La lástima es que perdimos a un artistazo de los guapos. Vean si no su última actuación en el CCCB, en un LP. Pero, a pesar de que tuvimos problemas técnicos, a mí me gustó la actuación de Sismo, pusimos una mesa de ping-pong y jugamos ante el público. Lo que David y yo hubiésemos querido era meter una cancha de tenis en Matadero y pinchar electropop pero Teo no nos dejó: dijo que eso era escaquearse. Al final eso quien lo acabó haciendo de alguna manera fue El conde de Torrefiel, más tarde, en el mismo espacio pero con una cancha de básket (y fue maravilloso, Teo). Me dijeron que hay gente que aún recuerda Pompeia como lo mejor que vio en todo el festival. Seguramente eso es una exageración porque había cosas muy interesantes en Sismo, pero suele pasar: hagas lo que hagas, casi siempre encuentras a alguien que conecta, aunque solo sea uno y cien lo odien. Recuerdo a la profesión madrileña esperando a que llegásemos los catalanes con las uñas afiladas y, claro, lo nuestro era el anti estilo madrileño de la época: no casaba ni con los oscuros ni con los de corte moderno europeo. Éramos más herederos del F.E.A. Para los que conocieron el F.E.A. sobran las palabras. Al resto os diré que era un festival de electrónica pasada de vueltas que merecería un lugar en la historia reciente de este país, si tuviésemos algo más de memoria que un pez y no estuviésemos cegados por los focos del mainstream, los guardianes de la excelencia y la política cultural provinciana y corta de miras. Pero, vamos, Pompeia, musicalmente podríamos considerarlo un proyecto fallido, sí. Nos faltó tiempo y energía. A todo el mundo le gusta tener un grupo. Otra cosa es cuando te das cuenta de que para eso hay que componer temas y defenderlos en el escenario.

También te recuerdo tocando un piano de cola, a veces un piano preparado al estilo Cage, en el que metías dentro tu móvil y las llaves de tu casa, vestido sólo con unas bermudas (era julio y hacía un calor que te cagas), siete días seguidos en los Espaciales que dirigía Carmelo Salazar, en la Sala Metrònom, con más de media docena de bailarines invitados, dentro de una programación de La Porta. O contando historias medio autobiográficas (encarnando a aquel camello de hachís del Barrio Chino que también era pianista) y cantando algunos temas acompañado de tu piano en La Poderosa, en algunos Plastidecor del colectivo Farda (un colectivo en el que también estaba Carme Torrent). Allí te vimos haciendo dúo musical con Quim Pujol, y bailando.

Hace más de 10 años de todo eso. Ya no existe la Sala Metrònom. El primer lunes de cada mes montábamos un Plastidecor en La Poderosa (la antigua). Nos reuníamos a la hora de comer y a las 8 de la tarde presentábamos lo que hubiésemos preparado en ese tiempo. No cobrábamos entrada. Era muy kamikaze pero también fue muy curioso todo lo que allí pasó. El dúo con Quim, las perfomances que liábamos con Carme y Carmelo… Hugo Barbosa era la primera vez que iba a La Poderosa, como público, y dice que la pieza que montamos a partir de aquel camello, totalmente improvisada, era lo mejor que había visto en su vida. Otro que seguro que exagera, pero fue realmente curioso. Cuando acabó me tuve que recluir un par de días. La reacción del público me asustó un poco.

Hay quien se acordará también de Santiago Maravilla y el Maestro Ramos. Actuabais en el Ribborn, cuando el Born era un barrio donde se podía vivir y pasarlo bien. Acabó en una película que rodasteis en Kazajistán que se proyectó en el festival Docúpolis, en el CCCB, y en el Boing Boing Buddha de BTV de Andrés Hispano y Félix Pérez Hita.

El Antic se inauguró con un espectáculo de Roger Bernat en el que vampirizaba al personaje de Santiago Maravilla y la música que sonaba la grabaste tú para la ocasión. Poco después participaste en una instalación sonora colectiva creada para la fachada del CCCB. Y ya paro. Pero lo que quería decirte es que, si alguien conoce tu faceta como músico, lo que pocos conocen es tu relación con la música clásica.

Gracias por leerme el currículum, Master. Tú siempre has estado ahí, excepto cuando te pierdes y no das señales de vida en años.

Esa es otra historia. Háblame de tu relación con la música clásica.

La música siempre ha estado presente en mi vida, desde muy pequeño. Estudié piano en el conservatorio y seguramente podría haberme dedicado profesionalmente a la música clásica pero abandoné en los últimos cursos por razones que cuento un poco en el primer episodio de Amateur, que es el que presento en el Antic, y también en el segundo episodio, Goldberg amateur, en el que comencé a trabajar en el Nyamnyam y que tengo intención de estrenar pronto, después del verano. Lo que se ha dado en llamar, desafortunadamente, música clásica es algo que me acompaña, me da un enorme placer y me nutre desde hace más de 30 años. Aunque con muchos altibajos, no me he desprendido de ella y parece ya un matrimonio para toda la vida. Desde que mis padres, al ver que lo mío con la música iba en serio, y haciendo un enorme esfuerzo, me compraron mi primer piano, cuando yo era un chaval, el piano ha tenido un lugar central en todas las casas en las que he vivido, excepto periodos muy cortos de mi vida y por causas de fuerza mayor, como cuando viví en París. Hace un año, la gente del Nyamnyam me pidió un libro para una exposición en La Panera de Lleida. Tenía que escoger el libro que quisiese rescatar si un día hubiese un incendio y tuviese que salvar uno solo de los libros que tuviese en casa. Les di el primer volumen de El clave bien temperado de Bach. Fue una decisión muy meditada. Puedo vivir sin cualquiera de los libros que ya he leído. Pero no soy capaz de imaginar mi vida sin la música de Bach.

Orlando Gibbons

No solo de Bach vive el hombre. En el segundo episodio de Amateur te propones tocar en directo las Variaciones Goldberg pero en este primer episodio, en el Antic, tocas al piano música de Orlando Gibbons, un músico renacentista inglés bastante desconocido para el público no especializado. ¿Por qué Gibbons?

Orlando Ramos, fusión de Orlando Gibbons y Rubén Ramos. Ilustración de Olga Alvarez.

Lo cuento en escena. Mi encuentro con la música de Gibbons es bastante reciente, de hace tres años o así, pero el impacto fue brutal. Me parece increíble encontrarme a estas alturas con música que pueda sorprenderme y emocionarme de la manera como lo hizo la música de Gibbons la primera vez que la escuché. Recuerdo comerles la olla en los bares a colegas míos cuando descubrí a Gibbons, como si hubiese descubierto a un grupo que acaba de publicar su primer disco. Sólo que Orlando Gibbons es un tipo que vivió hace 400 años, aunque cuando publicó su música tendría la edad de la gente que monta un grupo por primera vez. Es curioso todo esto porque me doy cuenta de que muchas de las cosas que utilizo o de las que hablo en Amateur tienen que ver con la adolescencia o los veinteañeros: desde Gibbons a los zazous, una de las primeras tribus urbanas de la historia, o Glenn Gould, que cuando grabó las Variaciones Goldberg era un jovenzuelo. Glenn Gould decía que su compositor preferido era Orlando Gibbons. Yo leí eso en una entrevista en un libro cuando yo era un adolescente. No tenía ni idea de quién era Gibbons, no había oído hablar de él en mi vida, y pensé que Gould estaba vacilando. Pero muchos años después me he dado cuenta de que seguramente hablaba totalmente en serio. Es curioso porque creo que a Gibbons no se le descubrió hasta los años 50, así que para Gould, cuando lo descubrió por aquella época, debía de ser como si realmente asistiese al nacimiento de un nuevo grupo.

 

Es increíble la cantidad de veces que se repite esta misma historia, la cantidad de creadores ocultos que solo por accidente hemos llegado a conocer, comenzando por el propio Bach, a quien si no rescata Mendelssohn en el siglo XIX nunca jamás conoceríamos.

La historia no es como nos la han contado. Ahora supongo que pasa lo mismo. Como en todo lo demás, como decía Jon Savage hace poco en una entrevista que le hizo Lucia Litjmaer, un 1% de los creadores tiene el 99% de la visibilidad. Y no necesariamente son los más interesantes. Para encontrarte con el resto, a pesar de que gracias a Dios existe algo como internet, hay que rebuscar muy profundamente. Alguien se encarga de que no aparezca jamás en portada lo que muchos andamos buscando. Con Gould y las Variaciones Goldberg pasa lo mismo. Si te interesa un poco la música llamada clásica, Variaciones Goldberg y Glenn Gould van juntas. Pero ¿alguien conoce a Rosalyn Tureck? Glenn Gould reconoce que la única influencia que tuvo en su interpretación de las Goldberg es la versión de Tureck. Le honra haberlo reconocido públicamente pero ¿quién se acuerda de Tureck? Y, la verdad, su interpretación al piano de las Goldberg me parece mucho más humana que la tan excesivamente mitificada de Gould. Por no hablar de las versiones al clavecín de músicos de la corriente historicista como Gustav Leondhardt, o Benjamin Alard, por poner un ejemplo de alguien actual.

Lee la continuación de la entrevista aquí