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La llama olímpica

¿Qué hacen unas veinteañeras como Las Huecas montando una pieza escénica sobre las Olimpiadas de Barcelona? Pero si prácticamente aún no habían ni nacido en 1992, ¿cómo se atreven a dar su opinión sobre el tema? No vivieron ese momento crucial de la historia de Barcelona, de Catalunya y del Reino de España. Solo conocen el tema de referencias. ¿Qué más les da el 92? Bueno, cuidado, ¿que no conocen el tema de primera mano? Sí y no. No lo vivieron en su momento pero padecen sus consecuencias. Porque lo que se nos vendió por aquel entonces como la entrada triunfal en la modernidad es el punto de inflexión que explica un montón de situaciones que vivimos cotidianamente. En el 92 hacía tres años que había caído el muro de Berlín. Como cuenta en este magnífico artículo Guillem Martínez, lo que los informativos de aquella época nos contaban sobre cómo vivía la gente bajo el comunismo se parece mucho a cómo vivimos nosotros ahora, en la Barcelona post-olímpica, en las grandes ciudades del Reino de España, más de veinticinco años después de los grandes fastos del 92: Olimpiadas de Barcelona, Expo de Sevilla, Madrid capital europea de la cultura. Después de aquel pretendido subidón, el Reino de España, veinticinco años después del 92, es un absoluto bajonaco sin discusión que se parece mucho a la nefasta imagen que la propaganda del régimen nos vendía sobre la vida en los países al otro lado del muro, en los episodios finales del derrumbamiento del bloque comunista. Hay quien piensa que quizás vivimos así precisamente por eso, porque ya no hay ninguna alternativa con la que compararnos y a la que superar. El capitalismo ha ganado y el capitalismo era esto: la depresión vital a la que conduce la sociedad de consumo, como pronosticó Pasolini en innumerables artículos (recogidos en el libro Escritos corsarios, para quien le interese) poco antes de que lo asesinaran (posiblemente por ir diciendo este tipo de cosas).

A los compañeros de generación de Las Huecas les afecta el 92 como a todo el mundo. Solo que ellas ni siquiera tuvieron la oportunidad para oponerse a lo que estaba pasando en el 92 mientras estaba sucediendo. Es como la Constitución española, que no votamos nadie de los que tenemos menos de cincuenta y pico años, pero nos afecta igual. No podemos volver atrás en el tiempo pero eso no quiere decir que nos hayamos olvidado de lo que pasó porque cada día la realidad en la que vivimos nos lo recuerda. Y por si alguien no se había dado cuenta, ahí están Las Huecas para recordárnoslo.

Las Huecas llevan más de dos años dándole vueltas al asunto. Su Projecte 92 ha ido evolucionando desde que solo era un apunte hasta el domingo pasado, cuando llenaron el Antic Teatre hasta la bandera, después de tres días de actuaciones. Las Huecas han estudiado en el Institut del Teatre, como ellas mismas cuentan en esta entrevista, “una institución que nos ha enseñado a hacer un tipo de teatro que es bastante horrible”, “arcaico”, “decimonónico”. Desde su primera aproximación al 92, hace dos años, han intentado buscar su propio camino alejándose de ese tipo de teatro que en las instituciones catalanas y españolas se enseña como si no hubiese ninguna otra alternativa, como se nos vende el capitalismo. Pero igual que uno no se recupera fácilmente de un cáncer de cuarenta años como el de la dictadura franquista (como decían El conde de Torrefiel en Observen cómo el cansancio derrota al pensamiento) tampoco es fácil aprender por tu cuenta lo que deberían haberte enseñado cuando dedicabas tu tiempo y tu energía al aprendizaje de las artes escénicas cargando sobre tus hombros el peso de esa nefasta educación. Pero la buena noticia es que, igual que otros antes que ellas consiguieron sacudirse ese pesado fardo, Las Huecas parece que también están a punto de conseguirlo. Hace un año las vi en Can Felipa con este mismo proyecto. La esencia de lo que querían contar entonces permanece pero la forma ha comenzado a transformarse por completo de una manera que parece ya irreversible. Y con esa transformación el contenido emerge con muchísima más fuerza hasta el punto de que, por momentos, la pieza que vi en el Antic el primer día, el viernes, a mí me arrebató y me emocionó como no lo habían acabado de conseguir los intentos anteriores, a pesar de que ya apuntaban a que de ellos podía nacer algo así. Las mismas escenas que ya había visto han cobrado fuerza, las partes habladas son más directas, menos impostadas, más de verdad, pero ahora bailan (el himno de España, maravillosa escena) y hasta tocan un tema punk en directo, todas las intérpretes, tres, con la ayuda de quienes estaban en la cabina técnica hasta ese momento, dos más. En las versiones anteriores no había ni rastro de autocensura, cosa que era muy de agradecer, pero ahora, en escena, se respiran aires de libertad.

Projecte 92 tiene muchas capas y trabaja muchos materiales, cada vez más: la odiada Course Navette con la que nos torturaban los profesores de gimnasia, el deporte como instrumento alienador y como metáfora de la competición anti humanística en la que andamos envueltos, las cuidadas caretas (construidas para la ocasión) de Maragall (el alcalde olímpico), Samaranch (el presidente del Comité Olímpico Internacional) y Abad (el consejero delegado del Comité Organizador Olímpico de Barcelona 92), Cobi meando sobre tierra de pipicán, los vídeos de la familia real que hablan por sí solos de lo que significa a estas alturas ese penoso arcaísmo, las banderas, los símbolos nacionales (y dale), la programación de la televisión el día de la inauguración de la Expo de Sevilla, la transformación urbanística de Barcelona para lo bueno y para lo malo, el derecho a la vivienda (el típico artículo de la Constitución convertido en papel mojado), la voz de las vecinas de Poblenou, la invasión turística, la visión de quien nació en el extrarradio barcelonés, el punk contestatario de la época, la miseria económica y moral en la que nos quieren obligar a vivir…

Pero sobre todo mola mucho comprobar que estas jóvenes creadoras siguen manteniendo viva la llama olímpica, pero la buena, la que cuenta, la que le arrebatamos a los dioses del Olimpo. Las Huecas dicen que van a seguir trabajando, que aún les queda mucho por trabajar. Yo os digo que aún hay esperanza.

Publicado en Teatron