Notas que patinan #147: El dolor

Iñaki Álvarez grabó El dolor cuando tenía veintiún años, hace ahora treinta, en 1996. El dolor es un vídeo de menos de media hora que la gente de OVNI (Observatorio de vídeo no identificado) acaba de rescatar para proyectarlo dentro del programa Murmullos del MACBA, que celebra los treinta años del museo. Han pasado muchos años. Hace treinta años no cargábamos todo el día con una cámara encima fusionada con un teléfono que es también un pequeño ordenador mil veces más potente que los que existían entonces. Hace treinta años no existían las redes sociales. Bueno, sí existían las redes sociales pero las de verdad. Ahora dices redes sociales e inmediatamente pensamos en los sucedáneos de redes sociales cibernéticas. Pero las redes sociales siempre han sido otra cosa, está bien acordarse de vez en cuando. El caso es que hace treinta años el común de los mortales no estaba acostumbrado ni a grabar vídeos ni a grabarse en vídeo. En ese contexto, con veintiún años Iñaki Álvarez propuso a cincuenta personas que se grabasen a sí mismas hablando sobre el dolor. Él les llevaba la cámara y el micrófono e incluso las abordaba sin previo aviso, presentándose en su casa sin quedar, algo casi impensable en estos momentos aunque quien lo vivió en su tiempo lo recuerde a veces como algo de lo más divertido (he dicho a veces). Todo esto suena muy raro ahora. Más raro aún de lo ya de por sí raro que era hacer algo así hace treinta años. Lo importante en ese vídeo no era la belleza de la imagen, ni si estaba todo bien enfocado, ni siquiera si en el encuadre aparecía la gente que se había dejado liar para ser grabada, ni por supuesto si estaba rodada en alta definición, que no lo estaba, era cinta de vídeo de la época, muy cutre para los estándares actuales. Lo importante era la inmediatez. Tienes una cámara, tienes una idea, aunque sea una idea peregrina, y sin hacerte más preguntas sales a la calle con cierta urgencia y buscas a cincuenta personas para hacer un vídeo sobre el dolor. Y luego ya pensarás por qué. O no. Pero no al revés. Primero actúas y luego piensas. Es algo que le he oído decir en muchas ocasiones a Iñaki Álvarez. No veo por qué habría que convertirlo en un axioma pero desde luego es algo refrescante e incluso higiénico en ciertos momentos. Está todo tan sucio en nuestras cansadas mentes que dejarte llevar por una idea que aparece a lo loco en tu imaginación puede parecernos hasta temerario. Peor para nosotros. Te dejas llevar por esa idea e insistes en ella con cincuenta personas e indudablemente ahí ya tienes algo: como mínimo la insistencia en un gesto. Luego, te quedas con las imágenes de diez de esas personas y las montas. El dolor es eso. Y tiene una fuerza indudable. “El dolor es la publicidad”, repite una de esas personas entre silencio y silencio mientras nos muestra las imágenes que aparecen en una televisión. Esa frase no se me olvida.

Publicado en Teatron.