Tenemos diecisiete años

Johan van der Keuken, Wij zijn 17 (1955) © Noshka van der Lely

En 1955 Johan van der Keuken tenía diecisiete años. Con el tiempo llegaría a ser un reconocido fotógrafo y cineasta pero en ese momento solo era un estudiante holandés del último curso de bachillerato al que se le ocurrió retratar a sus compañeros y amigos de entre catorce y diecinueve años en una serie de fotografías que decidió publicar en un libro titulado Tenemos 17 años. La publicación de ese libro fue un atrevimiento desacostumbrado para un chico de su edad que acabó provocando un escándalo nacional. Nunca antes un adolescente había publicado un retrato de su propia generación de una manera tan contundente pero es que, además, la imagen que sus fotografías daban de todos esos jóvenes no se correspondía precisamente con la imagen amable, alegre, sana, formal y responsable que la estricta y moralista sociedad holandesa esperaba de la juventud de la época.

Poco más de setenta años después se acaba de inaugurar una exposición en el CCCB que se titula Tenemos diecisiete años, comisariada por la asociación cultural A Bao A Qu (formada por Núria Aidelman, Laia Colell, Anna Fabra y Agnès Sebastià) y la investigadora y comisaria Érika Goyarrola. La exposición es un retrato colectivo en primera persona de más de trescientos jóvenes de diecisiete años de Catalunya, Lituania y Rumanía que emulan el gesto de Johan van der Keuken a través de fotografías, vídeos, instalaciones y escritos en primera persona. La exposición también muestra por primera vez en Barcelona los treinta retratos incluidos en su día en ese primer libro del artista holandés en el que se inspira esta exposición.

A diferencia de van der Keuken, los jóvenes no se han enfrentado a esto solos sino que han recibido el acompañamiento de las fotógrafas Ingrid Ferrer, Tanit Plana, Mònica Roselló y Berta Vicente Salas, y de los cineastas, artistas y dramaturgos Xavier Bobés, Jaume Claret Muxart, Raquel Cors, Pep Garrido, Mikel Gurrea, Martí Madaula, Sergi Portabella y Jaime Puertas Castillo. En la exposición encontramos dos instalaciones sonoras de Xavier Bobés y Albert Coma, un proyecto audiovisual de Martí Madaula, un mural de Tintafina y una película creada en el marco del proyecto Cinema en curs de A Bao A Qu y montada con Meritxell Colell.

Hajar Ahannouk, Ikhlas Daoudi, Achraf El Idrissi, Ivet Lázaro, Miriam Reyes. Autorretrato en el barrio de Roc Blanc, Terrassa. © A Bao A Qu – Institut Les Aimerigues

“Os escribo porque tengo miedo. Miedo de cómo seremos de aquí a unos años. Del abismo que se acerca”. Con estas palabras dichas por una de las protagonistas de la exposición comienza una de las películas proyectada en tres pantallas que envuelven al visitante. Hay adultos que piensan que la adolescencia es una especie de época de rebelión que se cura con la edad. Los adolescentes de esta exposición no se lo acaban de creer. Prefieren pensar que no saben lo que les deparará el futuro. Hay otros adultos que tienen otra visión de la adolescencia. Piensan que a partir de la adolescencia la vida es un declive constante, que la adolescencia es el punto álgido de nuestra existencia, a partir del cual todo se va corrompiendo poco a poco.

¿Cómo éramos cuando teníamos diecisiete años? ¿O cómo serán los más jóvenes cuando los cumplan? Esta exposición nos invita a recordarlo o a imaginarlo, según el caso. Con esa intención, los jóvenes de la exposición se fotografían a sí mismos para mostrarse tal como son, lejos de las buscadas y cuidadas poses de las redes sociales. En este intento de retratarse tal como son, las fotos mal hechas son bienvenidas y solo en las fotos colectivas, cuando los fotografiados se olviden de la cámara, aparecerá la verdad.

Preguntados sobre el auge de la ultraderecha entre las gentes de su edad estos adolescentes responden que el arte, los libros, la cultura y el estudio de la historia son los antídotos de las ideologías que separan a la gente. Me llama la atención esa última expresión, que no parece para nada inocente. Lo que les molesta a estos jóvenes es que una ideología venga a separarlos, a aislarlos o a enfrentarlos, porque se dan cuenta de que se encuentran mejor cuando están juntos. Unos días antes de visitar la exposición una persona me habló de un artículo que defendía lo mismo pero de otra manera, ahora me doy cuenta. El artículo sostenía que existía una relación entre el cierre galopante de bares en nuestras ciudades y el auge de la ultraderecha. Según esta tesis, cuantos menos bares hay en una población más crece ahí la ultraderecha. Sospecho que en este caso no se trata de la ingesta de alcohol, la cual dicen que ha bajado no solo entre la juventud sino también entre el resto de la población. Se trata de encontrarnos, de juntarnos, de rozarnos, de tocarnos, de olernos, de tratarnos, de besarnos, de charlar de cualquier cosa, de convivir, en definitiva, de no quedarse encerrados en casa mirando una pantalla del tamaño que sea y emita lo que emita, da igual. Los adolescentes de esta exposición se han dado cuenta de eso. Si los bares no les van a los que ahora están en esa edad (parece que los frecuentan menos que las generaciones anteriores) encontrarán otras maneras de juntarse pero lo que no quieren es estar solos.

Si ens trobem. Film “Cinema en curs” del grupo de 1º de bachillerato del Institut Doctor Puigvert (Barcelona) @ A Bao A Qu

La exposición comienza con retratos individuales en múltiples pantallas verticales que alternan unos retratos con otros. Los retratados miran a cámara pero el visitante observa y se siente observado por muchos adolescentes a la vez, a un lado y al otro. El colectivo está presente. A medida que avanza la exposición el colectivo se hace aún más evidente. Primero las grabaciones de audio recogen conversaciones de los adolescentes hablando de temas de los que no hablarían si esos registros no hubiesen sido captados en un momento en el que se sintiesen arropados por el grupo. Si seguimos avanzando en la exposición nos encontraremos con imágenes de la intimidad de sus habitaciones. Enseguida les escucharemos cuchicheando entre ellos por la noche en esas mismas habitaciones o hablando sobre el enamoramiento en un parque. Más adelante nos muestran a sus amigos, otra vez en grupo, y también sus barrios, su ciudad, su gente, de nuevo lo colectivo.

La exposición finaliza en una última sala ambientada como un club, con su pista y su bola de discoteca, en la que suena música de baile y una pantalla gigante muestra a los jóvenes bailando. Quizá no vayan a los bares pero aún sienten ganas de bailar, como sintieron algún día todas las generaciones que les precedieron y como afortunadamente algunos seguimos sintiendo tengamos la edad que tengamos. Porque si no podemos bailar está claro que esta no es nuestra revolución.

Con motivo de la exposición la Filmoteca de Catalunya presenta un ciclo de treinta películas de Johan van der Keuken hasta el 30 de abril. Tenemos diecisiete años (un retrato colectivo) se puede visitar en el CCCB hasta el 17 de mayo. La entrada es gratuita.

Publicado en Teatron