La revuelta de los pillos, de Aldo Urbano

Aldo Urbano presenta el miércoles 7 de octubre en La Capella (19h) su cómic La revuelta de los pillos, que se enmarca dentro de un proyecto mayor llamado La edad de la abundancia. El cómic, producido gracias a la beca Barcelona Producció, está editado por COCO (Como Ediciones). La presentación se acompaña de una exposición en el Espai Vestíbul de La Capella que mostrará todos los originales del cómic, pegados en tres paredes según el orden de lectura. Una primera versión de esta exposición pudo verse en julio en el Espai nyamnyam durante la tercera jornada del ciclo Si no vols pols no vinguis a l’era. La exposición podrá visitarse, además del día de la presentación, desde el 9 al 12 de octubre.

La revuelta de los pillos cuenta en clave fantástica la historia de una tribu de buscavidas del desierto que organiza un último y desesperado asalto para intentar mejorar sus escasas posibilidades vitales en un lugar donde no hay manera de encontrar ni un solo motivo para la esperanza. Aunque no de una manera evidente, para quien las busque, este proyecto criminal (¿no es el crimen una forma de arte?, se pregunta en sus páginas el pillo protagonista) contiene notables similitudes con algunas situaciones del mundo del arte contemporáneo, pero también del mundo contemporáneo sin más (también en la alta probabilidad de que el asalto conduzca a los pillos definitivamente a la derrota final). Para llevar a cabo su revuelta, los pillos que forman la tribu del desierto deberán aliarse con algunos maleantes a los que en realidad preferirían no haber conocido, una especie de metáfora de todas aquellas malas pero inevitables compañías que a los artistas (y no solo a los artistas) no les queda más remedio que aceptar a pesar de detestarlas profundamente. Aunque quizás, con un poco de suerte, como en la vida misma, todas esas situaciones deleznables terminen conteniendo alguna enseñanza oculta.

Una de las gracias del cómic es su ambivalencia. Puede leerse desde la perspectiva del mundo del arte contemporáneo pero a simple vista nada induce a ello. Puede leerse perfectamente desde el punto de vista de alguien que se encuentra en la misma situación de incertidumbre, precariedad y falta de horizontes, tenga la profesión que tenga, si es que la tiene, y también el lector podría sentirse reflejado en sus páginas. Pero desde luego también puede leerse desde otros puntos de vista, como quien lee una historia de acción fantástica, emocionante, o que simplemente te hará sonreír un rato.

Todo el cómic está impregnado de un humor sutil. Algunos personajes son bombas a punto de estallar (literalmente). Pero en el cómic se superponen numerosas capas que el lector está invitado a descubrir. Por ejemplo, un cierto misticismo desmesurado aunque no exento de fundamento. La historia plantea varias situaciones que conducen a algunas interesantes reflexiones alrededor del paso del tiempo, de la precariedad, de un cierto tipo de abandono existencial y de una desesperación con la que probablemente más de uno se sentirá identificado. Quizá sea esta la razón por la que el cómic se vuelve cada vez más emocionante a medida que avanza.

Sus personajes se ven impedidos y olvidados en una tierra enferma y arrasada, donde las desigualdades de clase y la precariedad actúan sobre la mayor parte de la población. Es una fábula, no hay ni rastro de la autoficción que uno podría esperar hoy en día (y esa quizá sea una de las razones de su frescura, como si hiciese demasiado tiempo que el viento de la creación artística no soplase en esa dirección), pero el fondo emocional que impregna el cómic es algo reconocible y propio de nuestro momento actual, sin que eso obstaculice el disfrute de su lectura, al contrario: sirve de argamasa para elevarse con ella. Una lectura con el tempo propio de algunos cómics, esos que te obligan a veces a detenerte en la contemplación del detalle de cada dibujo, de sus trazos, aunque estés deseando pasar a la siguiente viñeta para continuar con su apasionante historia. La carga emocional acaba desembocando en un mensaje optimista, curiosamente no te hunde en la miseria, a pesar de cierta muerte y destrucción contenida en sus crudas ilustraciones en blanco y negro.

En el cómic, como en la vida misma, algunos personajes recurren al ingenio y al humor, otros a la búsqueda de una espiritualidad escapista y también hay quien se lanza a una aventura autodestructiva que le permita ganar la partida durante un tiempo, aunque al final (como suele pasar en esos casos) la acabe perdiendo. El cómic sirve como un entretenimiento espiritual para tiempos oscuros (con cierta luz al final del túnel) pero también como un relato que puede hacernos reflexionar sobre la manera como afrontamos en estos momentos nuestra particular Edad de la Abundancia.

“Y es que el desierto avanza, y los que en él viven se radicalizan. Y entre ellos están los pillos, oportunistas de las llanuras, atrapados en un juego diseñado para que ellos no ganen nunca”.

Publicado en Teatron.