Ben Attia: «Donde está la homogeneización es la muerte»

Ben Attia

Ben Attia (Granada, 1991) estrena nuevo trabajo en el festival TACHÁN, del 19 al 21 de junio en la Nave de Fomento del Museo del Ferrocarril de Madrid, dentro de la Celebración de los 50 años de España en libertad. El festival, comisariado por la periodista cultural Marta García Miranda, está concebido como una fiesta y una verbena teatral con un título que se inspira en las Mujeres y los Hombres-tachán, personajes que nacen en la novela de Francisco Casavella, El secreto de las fiestas, “para contagiar a otros en las calles y la vida, que se reconocen entre ellos y se distinguen porque te cuentan una cosa muy rara que tú, en el fondo, tenías muchas ganas de que te contaran”. En TACHÁN se presentarán cinco piezas inéditas de treinta minutos cada una. Junto a Ben Attia intervendrán Rodrigo García, Los Voluble, Los Bárbaros, Paula Quintana, Teresa Garzón, Juan Luis Matilla y Laura Morales, en una sesión continua de dos horas y media para la que ya no quedan entradas.

Aunque sus primeros trabajos se remontan a más de una década, Ben Attia llamó poderosamente la atención con el estreno de Opus cero en el Teatro Pradillo dentro del Festival Surge hace poco más de un año y medio (próximamente en el Antic Teatre dentro del Festival Grec), trabajo al que un año después siguió el estreno de Opus nigrum en el Festival Free Tour el pasado septiembre. Ben Attia es uno de esos creadores pertenecientes a las generaciones nacidas después de la muerte de Franco a los que TACHÁN quiere dar voz, “creadores y creadoras con una mirada política sobre la sociedad en la que vivimos” que han crecido con las sucesivas crisis económicas, climáticas y de todo tipo en una época en la que la sensación es que todo se ha vuelto muy complicado, y más si te dedicas a la creación escénica. Además de dirigir sus propias obras, Ben Attia dirige Box Levante – Centro escénico del Estrecho, en Algeciras, junto con su compañera María Moncada. Pero, como él mismo cuenta en esta entrevista, sigue trabajando como guía turístico para musulmanes que visitan España.

Cartel de TACHÁN

¿Cómo se va a llamar la pieza que presentas en TACHÁN?

La pieza se llama Ysabel. Un título a la antigua usanza, de una sola palabra, directa.

¿Qué nos puedes contar de Ysabel?

Es una pieza corta, un encargo de TACHÁN, enmarcado en 50 años en libertad, que es una efeméride que curiosamente celebra la muerte de un tipo, que es un dictador, no el año en que se instauró la democracia sino que se está celebrando la muerte de este hombre, que ya para empezar es toda una declaración de intenciones porque el planteamiento, desde mi punto de vista, es bastante radical.

Bueno, en palabras de Carmina Gustrán Lascos, comisionada para la Celebración de los 50 años en libertad, el festival TACHÁN pretende “dar a conocer nuestro pasado reciente; celebrar (sin triunfalismos) los avances políticos, sociales, económicos y culturales vividos en estas últimas cinco décadas; conversar sobre lo mucho que nos queda por conseguir y, sobre todo, imaginar juntas, juntos, qué hacemos ahora: cómo construimos el presente e imaginamos el futuro”. ¿Cómo se relaciona esta nueva creación con todo eso?

Básicamente la pieza parte de un taller que vengo haciendo desde hace ciertos años en Algeciras, en Box Levante – Centro escénico del Estrecho, con jóvenes migrantes, sobre todo relacionados con el CEAR, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, y con gente de CEPAIM también, el Consorcio de Entidades para la Acción Integral con Migrantes. Cuando nos plantearon este encargo la idea era trabajar con estos jóvenes y traerlos a escena, traer sus vidas. Lo que se les propone es que de alguna forma lideren ellos la dramaturgia, lo que quieren contar, e invito a Juan Navarro a que dirija el proyecto porque tengo especial interés en formar parte del elenco, o sea, de estar con ellos trabajando codo con codo, y él tiene mucha experiencia en realizar talleres de este tipo. Y también tengo especial interés en involucrar tanto a María Moncada, que es mi pareja y compañera de proyectos, como a mis hijos Musa y Mansur, que de alguna forma están en la pieza.

¿Con quién trabajas en esta ocasión? ¿Quién interviene en esta nueva pieza?

El elenco está formado por Juan Navarro, María Moncada, que encarna a Ysabel, Naser Ben Hammoud, Najee Ben Hammoud, Mikail, Fray Francisco, Fray Domingo, Carmen Aldama en la dramaturgia y como ayudante de dirección y Antoine Forgeron en el diseño de iluminación.

¿Sobre qué estáis trabajando?

La pieza es una carta de amor. Hay cosas que no quiero adelantar porque lo que quiero es que se vean.

¿Quieres que el público vaya sin saber demasiado?

Quiero que vaya virgen. Pero lo que te puedo contar es que este taller del que te hablaba está concebido como un espacio en el que abordar desde la escena la vocación poética de estos jóvenes en situación de desamparo. La invitación llega, por tanto, en un momento oportuno. Y para dar una vuelta de tuerca al dispositivo, decido abandonar el lugar de poder que me confiere la coordinación del taller para unirme a ellos como “actor”. Es así como propongo a Juan Navarro, con quien he estado trabajando recientemente, dirigir este dispositivo escénico en el que participamos tanto el grupo de jóvenes y yo como mi pareja y compañera María Moncada, planteando una suerte de experimento donde se diluyen los límites entre dirección, interpretación y experiencia vital. En el desarrollo del trabajo, se propone al grupo trabajar a partir de una figura histórica como detonante dramatúrgico. Son los propios jóvenes quienes, de una lista, eligen a Isabel I de Castilla, activando así un diálogo inesperado entre relato histórico y vivencias contemporáneas, entre la construcción de la identidad nacional y las trayectorias migrantes que hoy la atraviesan. En este sentido, resulta especialmente significativa la elección: Isabel es la figura que, en los albores del siglo XVI, impulsa un proyecto de homogeneización religiosa (la llamada “limpieza” de la sangre) mediante la conversión forzosa de los musulmanes españoles y el establecimiento de la Santa Inquisición, y que siglos más tarde será una de las figuras más ensalzadas por el régimen franquista como símbolo de unidad nacional. Sin embargo, esta genealogía se ve atravesada por una ironía histórica: será el propio Francisco Franco quien, en el contexto del Protectorado y de la Guerra Civil, reactive vínculos con el mundo musulmán, promoviendo la apertura de mezquitas y cementerios en territorio español y llegando a presentarse como protector del islam en una entrevista en la prensa francesa en noviembre de 1937. De este proceso nace el material que ahora presentamos: una pieza construida desde los cuerpos, las voces y las experiencias de quienes también forman parte, de manera ineludible, de la historia contemporánea de España.

¿Nos puedes hablar al menos del punto de partida de la pieza?

Lo que me interesa aquí es que en el momento en el que Marta García Miranda me contacta para hacer esta historia está ocurriendo una cosa aquí en Algeciras que tenía que ver con un cementerio musulmán. En los acuerdos entre el Estado español y la Comisión Islámica de España, que se firmaron sobre los años ochenta, igual que existen unos acuerdos con la Iglesia Católica, se incluyeron la aceptación de los ritos musulmanes, la apertura de mezquitas y de otros tipos de espacios como pueden ser los cementerios, que es el punto de partida de la pieza. Justo estaba ocurriendo que, a petición de la Comisión Islámica en Algeciras, una jueza había ordenado que el Ayuntamiento permitiera la apertura de un cementerio musulmán, que no existe actualmente, y al cual tienen derecho los ciudadanos musulmanes. En toda la Península Ibérica hay muy pocos cementerios musulmanes. Hay alguno en Granada, otro en Córdoba, otro en Madrid, pero son muy pequeños y además son de época franquista, que es lo interesante. Pero, rápidamente, el Ayuntamiento y toda la comunidad de la derecha empieza a esgrimir argumentos hasta el punto de decir: oye, si tanto piden la asimilación y la integración ¿por qué quieren separarse con muros en cementerios diferentes? En fin, que realmente genera un montón de rechazo esta historia de un cementerio musulmán. Pero es curioso que una comunidad es imposible que esté integrada, aunque yo no creo en la asimilación, si una cuestión como el enterramiento… si un musulmán, sobre todo si es de origen migrante, sabe que cuando se muera no va a poder ser enterrado en España. Va a tener que volverse a Marruecos o a donde sea. ¿Pero y la gente de segunda o tercera generación, que ya no tienen ese país al que volver realmente? El encargo de 50 años en libertad me llega en este momento en el que estaba pasando todo esto en Algeciras. Y yo me involucré porque una de las periodistas que estaba en Algeciras es colega mía y le propuse que fuera a ver el cementerio musulmán de Granada. Es curioso porque el cementerio, que es superbonito porque está dentro del recinto expandido de la Alhambra, al lado del cementerio municipal, en un olivar que está encima de la Alhambra, es de la época de Franco, al igual que el cementerio de Griñón, en Madrid. Franco abrió esos cementerios y algunas pequeñas mezquitas para la Guardia Mora y los Regulares que combatían en el bando nacional.

¿Franco los construyó durante la Guerra Civil?

Sí, durante la Guerra Civil y los años inmediatamente posteriores. Es curioso porque las cosas que más se prohibieron durante las conversiones forzosas y todas las leyes que hubo para la persecución de los moriscos fueron las circuncisiones, las abluciones y los hamam, y por supuesto los enterramientos según el rito islámico. Esos ritos eran las formas de descubrir si alguien era criptojudío o criptomusulmán. Durante un montón de siglos eso estuvo prohibido, no hubo ni un solo cementerio musulmán ni judío hasta que vino Franco, con la cuestión un poco rara de que es Franco quien ensalza de nuevo la figura de Isabel la Católica. Con él se afianza el resurgimiento de toda la idea de la Reconquista y de toda la identidad nacional basada en Isabel la Católica, que además es una figura que a mí me genera muchísimo respeto y fascinación. Me parece una tía increíble, la verdad, en todos los aspectos.

¿Por qué?

Porque era una tía muy fuerte, con fuertes convicciones. Me da la sensación de esos personajes que están tocados por el destino, como que cargan a sus espaldas el destino, de alguna forma. Son los grandes personajes que escriben la historia de la humanidad. En este caso, en la historia de la España moderna, es una figura central.

«Auto de Fe en la plaza Mayor de Madrid»
Francisco Rizi 1683. Óleo sobre lienzo, 277 x 438 cm

¿Pero por qué te fascina tanto este personaje, y además en este contexto, cuando fue una reina que decretó la conversión o, en caso contrario, expulsión de los judíos y que una década después se aplicó también a los musulmanes?

Me fascina, en el sentido de que me genera mucho interés y admiración, quizá por su fanatismo. En politología, en historia política, el famoso príncipe de Maquiavelo, al parecer, está inspirado en los Reyes Católicos, tanto Fernando el Católico como Isabel la Católica. Es decir, que el nacimiento del estado moderno, tal y como lo conocemos, es una idea de ellos. Y además es una figura con la que tengo bastante relación porque yo me dedico a hacer de guía turístico con musulmanes que vienen a visitar a España y estoy hablando todo el día de la historia de al-Ándalus y de ese momento específico.

De ahí viene un poco el proyecto. Luego, hay otra cuestión interesante para mí, a partir del trabajo que proponen estos chicos y la figura de Isabel la Católica. A mí me interesa porque en mi familia, con María Moncada y nuestros hijos Musa y Mansur, me veo reflejado en esas posibles parejas del siglo XV y XVI, mestizas, en ese momento de asimilación de los moriscos. Me pareció oportuno cuando los chicos escogieron esa figura porque me sentí interpelado. Mi experiencia siempre ha sido desde ahí: me identifico mucho con los moriscos. No por la persecución ni nada de eso sino por todas las cuestiones culturales que hay, tan bonitas. El romance andalusí, toda esa riqueza… Porque en el fondo no son dos culturas que se encuentran, son dos culturas que chocan. De esa colisión catastrófica aparecen cosas muy bonitas. Y creo que todo el Siglo de Oro tiene mucho que ver con esa presencia. Creo que España se vuelve gris cuando expulsan a los moriscos. Y que el único color que queda es en Andalucía con algunos bandoleros, que son de alguna forma los que mantienen la tradición. Son los monfíes, una gente que se echa al monte, al bandolerismo. Pero no porque sean moriscos o judíos, no es por la cultura de ellos – y fíjate que uso la palabra ellos- sino justamente porque cuando hay fricción entre culturas aparecen las cosas potentes. Donde está la homogeneización es la muerte. Isabel es la que establece ese proyecto de homogeneización porque en el fondo ella es cartesiana. No es cartesiana aún porque no existía Descartes pero es un protorracionalismo, es un deseo de hacer las cosas bien, como deben ser hechas. Y para hacerlo bien hay que limpiar la sangre, homogeneizar, y todos moros o todos cristianos. Y entonces ahí se muere España, así te lo digo, desde mi punto de vista. Y además todos los problemas que eso acarrea. En fin, cosas históricas. Sí que estoy completamente convencido de que al hablar de 50 años en libertad tenía que hablar de Isabel la Católica. Y no sé por qué. Si me lo preguntas directamente no sabría decirte por qué. Es una intuición. Veo una relación, aunque sea tan lejana en el tiempo. Como que hay una conexión directa.

Espera un momento porque ahora mismo en el Raval nos está visitando el máximo pontífice de la religión católica y se cuela por las ventanas el ruido del helicóptero que nos vigila desde las alturas. Voy a cerrarlas.

¿Sobre qué más podemos hablar?

Sobre el hermetismo.

¿Quieres que hablemos sobre el hermetismo?

Sí.

Tengo mucho que decir sobre el hermetismo dentro del teatro.

Adelante. Te escucho.

Pues otra intuición: la predominancia del texto dramático en las artes escénicas durante todos estos años tiene que ver con que era el único medio de registrar lo que ocurría en escena. Y desde que aparece el medio audiovisual hay una eclosión también de formas escénicas paralelas. Digo esto porque en el fondo lo escénico reside en un lugar que no puede ser capturado, que no puede ser ni grabado en vídeo ni fijado exclusivamente en un texto. Y lo escénico tiene que ver con el secreto y tiene que ver con algo a lo que asistes que luego no puedes contar. No porque no puedas porque está prohibido, que también en mi caso me interesa eso, sino porque eres incapaz de narrarlo. Te estás relacionando con cuestiones que Lacan nombra como lo Real y lo Real es aquello que está vedado a la palabra, aquello a lo que la palabra no tiene acceso. Eso por un lado. Y por otro lado, hablando de judíos sefardíes, en una entrevista muy bonita, en un documental que le hacen a Derrida por España, lo llevan a Almería, porque él considera que su familia venía de Almería, y en un momento dado dice una cosa – lo vi hace muchos años pero se me quedó grabado-: él habla de que el afán de la cultura occidental -no recuerdo si habla de la cultura occidental pero yo lo sitúo ahí- por revelar el secreto, por acceder al secreto, es una forma de autoritarismo. Porque desde una perspectiva poscolonial es totalmente cierto. Es decir, quiero conocer tu cultura, quiero desvelar tu secreto, cuéntame, para así, de alguna forma, acceder a tu ser, acceder a tu esencia. Y de ahí un poco el hermetismo. Y también hay una cuestión y es que la cultura musulmana es una cultura en la que la representación de las imágenes está vedada o al menos está conflictuada. Y entonces eso sitúa toda la transmisión, tanto de saberes racionales como de saberes ocultistas, a través de la palabra. Entonces el símbolo último es la palabra, la palabra escrita, y por eso hay tanta tradición en torno al trazo, al símbolo como elemento mágico. Las letras árabes tienen un poder de curación, porque no existen la imagen ni la talla, tanto la imagen escultórica como la imagen pictórica. Con algunas excepciones, que tienen su origen en tradiciones anteriores como son los persas o los turcos, que vienen de una tradición que precede al islam. Y además creo que nosotros, que nos dedicamos a las escénicas, negar esa condición de lo escénico, la incapacidad de reproducir y de fijar, negar eso es una suerte de sacrilegio, le estás faltando el respeto a lo escénico. Tienes que aceptarlo, que no es reproducible, que no es fijable, que traspasa la vida y no puede ser fijado, ni en un texto, por supuesto, ni en imágenes, ni en vídeo. No puede ser fijado. No es que no pueda ser fijado es que no debe ser fijado. Es como profanar una virgen. No debes hacerlo.

¿Quieres decir algo más para acabar?

Hay una cosa que me interesa y que no sé si hemos conseguido abordarla en esta historia, con estos jóvenes, que es, al hilo de lo que te acabo de contar, que en una entrevista a Romeo Castellucci él contaba que en el núcleo de lo escénico está la imagen, que esa es la unidad nuclear de lo escénico. Creo que ahí se equivoca. En el sentido de que ahora hay una predominancia de creadores escénicos que vienen de las artes visuales. Él, por supuesto, contrapone la imagen a la palabra. Pero ahí no está la imagen ni la palabra. Yo creo que, el núcleo de lo escénico, su esencia absoluta, es la acción. Estamos en esa búsqueda. Ir contra la representación e intentar encontrar la acción, que todavía no hemos conseguido definirla del todo. Lo digo porque es algo que hemos intentado movilizar en este proyecto. Por otro lado, en media hora, a ver en qué queda.

Rubén Ramos Nogueira

Fotografías de Blanca Morales

Publicado en Teatron.